• Carlos Monsalve

Retratos en su ambiente

Jaime Zalamea


Si esta obra de Carlos Monsalve se hubiese mostrado en cualquier galería convencional, el resultado habría sido catastrófico. Es posible que el cóctel de inauguración hubiese culminado en una depresión colectiva, con sus correspondientes consecuencias de valium y suicidios. Para el caso basta imaginarse a un ejecutivo de éxito, tomarse un trago frente al cuadro del profesional frustrado. A mi manera de ver, al segundo sorbo, éste estaría pidiendo a gritos una camisa de fuerzas. O que tal una linda mujer buscando fututo en noche de coctel, con cursos de apreciación artísticas en el Art Collage of Miami, debatiéndose con la mirada entre la mujer máscara y la boda. Creo que a los quince minutos, en medio de la algarabía, se convertiría en un caso clínico siniestro, por lo monos con cuatro años de diván. Y así sucesivamente, a medida que los espectadores observan los cuadros, el delirio esquizofrénico iría aumentando en proporción, y al final de todo, el prestigio de una galería acreditada, por el suelo. Y todo por unos retratos…..

Durante mucho tiempo, el que se manda o se deja pintar espera encontrar un parecido, si no exaltante de su personalidad, al menos benévolo con ella. A nadie le gusta encontrarse con la codicia o la frustración de su propia mirada. O con la neurosis y la maldad en la comisura de los labios o todas aquellas cosas que, como en un mapa físico, delatan el rostro y la confirmación del cuerpo. En el caso de los retratos pintados por Monsalve, el espectador no tiene más remedio que, a esos personajes anónimos, buscarles parecidos con alguien, en última instancia y en una reflexión íntima, consigo mismo. Al respecto Barthes dice que el fondo un retrato se parece a cualquiera, excepto a aquel a quien representa.

Pero identifiquemos los personajes de estos retratos de Monsalve.

Propongo un camino, el de este instante, con todo el peso causado por la miseria humana contemporánea.

En tiempos así los sistemas de expresión se deterioran y suele hablarse, por ejemplo, de crisis de la pintura. Pero en este caso es más pertinente invertir los términos y hablar de una pintura de la crisis.

De esta forma los personajes de Monsalve comienzan a delatar su identidad por sí mismo. Ella retratada, puede ser la lasciva egoísta, que todos los días nos encontramos en el Ascensor, él, el implacable burócrata de los lunes; y el zapatero, el obispo, el mecánico y hasta la vendedora de fritada de cualquier calle, con todos los conflictos y los signos de la época representados en sus rostros. Creo que es la única forma de vencer con la mirada, la intimidación que producen estos retratos.

Puedo asegurar que sólo aquellos que tienen pactos con sus fantasmas pueden convivir con estos cuadros.

Por eso esta exposición se hizo en el Seseribó donde se ajustan cuentas con la noche. Al fin y al cabo se puede estar seguro que todos los asistentes a esta muestra son responsables de sus propios nervios.

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