• Carlos Monsalve

Oficio de Fantasmas

Actualizado: 11 de dic de 2018

Roberto Rubiano Vargas


El mayor defecto de Carlos Monsalve es su oficio de dibujante, porque, en este tiempo, tenerlo es casi un estigma. El anecdotismo implícito en le dibujo ha sido uno de los grandes temores del arte en el siglo XX. Sin embargo Carlos Monsalve, con una descarada habilidad ofrece una muestra de dibujos, donde la anécdota es evidente.

El dibujo es el arte inicial, sin él nada es posible. Es la ortografía básica de quién se decide por la superficie pintada como forma expresiva. Hoy, después de un siglo de descubrimientos, desde la propagación de la fotografía y la iniciación del impresionismo, el arte contemporáneo ha probado todo, negado todo, propuesto todo. Resulta difícil que algo nos conmueva o al menos nos sorprenda.

Esta exposición no busca sorprender, aunque talvez lo haga su insistencia en la utilización de recursos tan antiguos como el lápiz y el papel. En ella el concepto de originalidad proviene de ese retorno a los orígenes. Recuperar el trazo del dibujo para captar señales de vida entre la bruma de las cosas y la gente.

Esa galería de personajes, derivados en parte de la literatura, son algo más que los retratos de sociedad de su anterior muestra de pintura. Esas matronas ingenuas posando ante al malévolo retratista. Ese triste General colgando de la percha de la historia. Esos rostros donde muchos pueden verse en el espejo de sus defectos, forman una colección coherente, en la que empieza a delinearse el camino expresivo del autor.

En esta exposición se combinan algunas de las búsquedas de Monsalve con la pintura y su kilometraje en el dibujo. Es, al mismo tiempo, una celebración de su propio oficio. Un oficio de fantasmas. De seres de otro tiempo.

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